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El ensayo histórico de Juan Miguel Zunzunegui propone una visión distinta de Hernán Cortés

La conquista de México es un hito de la historia universal. A propósito del quinto centenario de la llegada de Cortés a estas tierras, periplo que da comienzo con el desembarco en costas veracruzanas en 1519 hasta la caída de Tenochtitlan en 1521, Juan Miguel Zunzunegui escribe Hernán Cortés. Encuentro y conquista. El libro, un emocionante ensayo histórico, busca un propósito harto complicado: transformar la sombría imagen del Cortés exterminador y aurívoro, en la de un líder de características renacentistas y enteramente fascinado por el universo amerindio. Y es que, dentro del storytelling nacional, independientemente de si la fuente es autorizada o apócrifa, popular o sectaria, subyace un enemigo en común: Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano. Con lo cual no resulta desproporcionado anotar que sobre el conquistador extremeño recaen, desde entonces, todos y cada uno de los malestares identitarios de la laberíntica cultura mexicana.

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ENEMIGO NACIONAL

“Si un mexicano odia lo español, se está odiando a sí mismo. Es una actitud autodestructiva”, es una frase de Miguel León-Portilla; alineado a este sentir Juan Miguel, abres tu libro con la siguiente interrogante de carácter psicológico: “¿Quién nos enseñó a odiarnos a nosotros mismos?”. Hago uso de ella para preguntártelo a ti, el autor.

Lo peor es que esa respuesta está en la pregunta: nosotros mismos. Es decir, construimos una narrativa histórica en contra de nosotros. Lo cual tiene que ver con un acontecimiento histórico, la Independencia. Hay que ubicar una cosa: jamás en la vida fue conquistado México; fue conquistada Mesoamérica, donde no había México; donde había una de las raíces de México, pero no México. Y Mesoamérica fue conquistada por la otra raíz, nuestra raíz hispana, y se juntan las dos. Nueva España, que es el reino que se construye sobre la civilización mesoamericana, existió 300 años y fue un reino muy raro. Uno podría pensar que es un reino hispano, porque está lleno de hispanidad, de arte barroco, tradición católica, de todo lo que traen los españoles, pero que finalmente se construye sobre lo indio. Sobre y con lo indio, porque todas las tradiciones que llegan de España se mezclan con las tradiciones indígenas; a nivel sincretismo religioso es claro como pocas cosas. Sin embargo, lo que se independiza en 1821 no es Mesoamérica, mucho menos el imperio azteca, lo que se independiza es Nueva España. Y quien independiza Nueva España tampoco son los aztecas, sino los españoles. El problema es que nos enfrentamos a esta disyuntiva: somos criollos que vivimos en Nueva España y estamos haciendo una guerra de independencia contra España.

Tras 300 años, este territorio tiene todo para ser un reino independiente, pero al final, los criollos que están tratando de independizarse, como en toda guerra independentista, generan un discurso contra aquel al que ubican como conquistador. El problema es que al que ubican como conquistador es al español. Entonces, tenemos que el español se quiere independizar del español, el católico del católico, el que venera a la Virgen de quien venera a la Virgen. ¡No tiene el menor sentido! Es una independencia política, pero no una independencia cultural y por eso los criollos construyen un discurso antihispano y, claro, ayudados por la Leyenda Negra de los ingleses. Ahí aparece el discurso de “el Imperio británico es lo máximo, los anglosajones somos perfectos, en cambio, el imperio español fue terrible, fue destructivo”, cuando el Imperio español ha sido el imperio más constructivo de la historia de la humanidad, después del romano. Y sí, es que el Imperio español es la continuación del Imperio romano.

El lenguaje desempeña un papel fundamental para construir la realidad. En pleno México del siglo XXI, al hablar del pasado, a la gente se le escucha decir a menudo y sin ningún tipo de rigor “cuando nos conquistaron…”. La pregunta es imperativa: ¿cómo y dónde se suscita esta tergiversada perspectiva?, y más importante, ¿quién la inculca?

En algún punto de Hernán Cortés. Encuentro y Conquista, digo que el conocimiento es poder y si esto es así, es fundamental para quien ejerce el poder. Toda narrativa viene desde el poder. Porque tú no naces con una narrativa, naces con la mente en blanco. La narrativa se

te inculca por un sistema educativo y nuestro sistema educativo eligió la peor de las versiones posibles. Yo no sé si fue un error, si se trató de la presencia del Imperio británico y haberle comprado su Leyenda Negra, no sé si fue deliberado –que, en caso de serlo, sería súper perverso–. Ubiquemos que la narrativa que tenemos hoy es la cardenista. Porque en algún lugar del texto digo que no solamente hay que conocer la historia, sino la historia de la historia. Hay que tener claro que en diferentes momentos históricos nos hemos contado diferentes versiones.

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Si tú lees México a través de los siglos, la primera magna obra de la historia del país, hecha en el porfiriato, coordinada por Vicente Riva Palacio, se establece que somos mestizos e hispanos. Creo que la cargaron demasiado de hispanidad y de Europa y, por lo mismo, esa identidad no pegó. Ahora, si el porfiriato en lugar de convertirse en revolución hubiera tenido continuidad, esa narrativa habría pegado. Lo malo es que cayó Porfirio, hay una revolución, 20 años de guerra civil, y cuando viene el intento de reconstruir el país, a partir de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas, se quiso seguir con una narrativa hispana, lo que intentó José Vasconcelos de manera muy desafortunada. Era un hombre brillante y genial que pensaba: “Oh, voy a cultivar al pueblo mexicano, vamos a imprimir la obra de Esquilo para todos”. ¡Vamos, el pueblo no lee y le quieres dar a Sófocles y a Esquilo! Empieza un poquito más abajo. Y acabó funcionando más la narrativa de los muralistas. En un país que no lee, ocurrió lo siguiente: “Mira, no leas la historia, la puse toda en un mural, observa: los españoles nos conquistaron”.

Porque, además, no hay que olvidar otra cosa, los muralistas que pintan su versión de la historia de México son todos comunistas. Eso no está ni bien ni mal, solo hay que tenerlo claro. El comunista ya trae una narrativa y la narrativa comunista es de conflicto, de lucha de clases, misma que plasmarán del modo marxista, proletario contra capitalista; pero al hacer una tropicalización del marxismo, se convirtió en indio contra español, como el mural de Jorge González Camarena: el español ensartando al caballero águila, y tú eres el hijo de eso. La narrativa cardenista es la que nos hizo, por decisión gubernamental, aztecas conquistados.

Juan Miguel, en el prólogo de tu obra dejas ver que el relato histórico que prevalece en México sobre los acon- tecimientos de la Conquista no es una historia constructiva. ¿Debería serlo?

Debería de serlo, porque un país, una sociedad, un colectivo humano, solo tiene dos tendencias: construirse o destruirse. México es un país profundamente autodestructivo y lo es porque nuestra narrativa es autodestructiva. Aplica a los individuos al igual que a los pueblos, somos la historia que nos contamos de nosotros mismos. Tú no eres tu pasado, eres tu interpretación del pasado; eres tu reacción al pasado; las emociones que has depositado en los hechos del pasado. De verdad, aplica al individuo y al pueblo. Todos los países tienen una narrativa, hacen una historia nacional que es más una mitología que un conjunto de hechos reales, y esas narrativas están llenas de mitos, y su objetivo –están ahí por algo, no son solo una invenciónes cohesionar a un pueblo, darle identidad, razón de ser, sentido existencial y lanzarlo hacia arriba.

Siempre pongo como ejemplo la historia de EE UU, uno de mis libros va justo de eso, de comparar la narrativa del mexicano con la del gringo. El gringo se cuenta toda su vida: “somos lo máximo”. La historia de EE UU está llena de mentiras, pero no importa. Cuéntale al niño gringo todos los días de su vida durante 100 años: “somos la súper policía del mundo”, “los paladines de la democracia”, “los vengadores de la libertad”, el niño gringo lo acaba creyendo, actúa en consecuencia y EE UU es una potencia. Ahora, toma al niño mexicano y repítele día tras día, año tras año, generación tras generación, durante 100 años: “nos conquistaron”, “humillaron”, “robaron”, “nos saquearon” y luego pídele: “¡Ve y saca al país adelante!”. ¡No mames! ¿Cómo? ¿Cómo sacas un país adelante si toda la narrativa te dice: “el mundo está en contra de mí”?

PUNTOS LITIGIOSOS

Por complejo que parezca, Cortés es un asesino y un humanista al unísono. Negar cualquiera de estos dos hechos me parece peligroso. Tu libro no es una apología, pero claramente celebras los numerosos talentos del conquistador. ¿Cómo conciliar las visiones?

Cortés tuvo luces y sombras, por supuesto. Creo que tiene más luces que sombras, aunque sus sombras son muy oscuras. Quien me lee es gente a la que le gusta la historia, que es lo que yo escribo. Yo no he encontrado a una sola persona que disfrute de la historia que no admire a Alejandro Magno y a Julio César, los dos hombres con quienes comparo a Cortés. Cortés es un Alejandro y un Julio César, y lo digo en el libro: Cortés entró a Tenochtitlan por la puerta grande –por la misma que entró César a Roma y Alejandro a todo el continente asiático–, porque entra literal de la mano de Motecuzoma. Motecuzoma lo toma de la mano y le dice: “Bienvenido a casa” y lo mete a la ciudad. Llegó como los grandes, no llegó como ladrón ni salteador. Llegó en toda su gloria y somos hijos de ese sujeto y también somos hijos del hombre brillante, Motecuzoma, quien asumió algo muy difícil de asumir para nosotros hoy: “Ya llegaste y me queda claro que esto es inevitable”. Motecuzoma propuso la aceptación y solo la aceptación nos llevará a comprender lo que somos.

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Alejandro Magno es el heredero cultural de Aristóteles, de toda la cultura griega, un hombre sabio, prácticamente un dios. Alejandro es un iluminado que tuvo que matar gente. Alejandro conquistó desde Grecia hasta la India y mató gente para hacerlo. Alejandro conquistó el Imperio persa y mató persas para hacerlo; Alejandro conquistó Egipto y mató egipcios para hacerlo, y después de todo ello, porque son diez años de guerra en los que hay matanzas, Alejandro dejó una de las huellas culturales más profundas de la historia de la humanidad: el helenismo. César creó el Imperio romano, ¿mató gente? Pregúntale a los galos. César mató gente en las Galias, fue un asesino y fue un hombre brillante. Y así te puedes ir personaje por personaje de la historia.

Así como no hay estereotipo que no guarde un determinado grado de verdad, no puede haber leyenda —por negra que sea—, que no contenga algo de cierto… ¿Qué es falso y qué no lo es de esa mala prensa sobre el proceder hispano en la Conquista?

Es absolutamente cierto, es decir, hay Leyenda Blanca y Negra, y la única verdadera sería la gris. No puedes hacer una leyenda negra si todo es absolutamente puro. No tendrías cómo. A ver, Cortés es un hombre del Renacimiento, culto, humanista y con una visión del mestizaje hermosa, y viene acompañado de 500 personas, pero no todos son como él. Y Cortés, aunque sea un universitario, cuando llega a estos lares está en el papel de explorador, es un colonizador, no pretende conquistar, pero se encuentra con una realidad que no se lo permite y entonces saca su faceta de conquistador. Hubo una matanza en Cholula, así es, no hay Leyenda Blanca que pueda matizar esto y por supuesto, existe una conquista de Tenochtitlan, que fue a través de una guerra y un sitio, que necesariamente es agresivo y violento. Entonces, ahí hay manchas.

Más allá de Cortés y del momento exacto de la conquista de Tenochtitlan, se construye una Nueva España que ya no es el sueño de Cortés, sino el de los Habsburgo, porque fueron Carlos V y Felipe II los grandes constructores de Nueva España y son racistas, como lo era todo el mundo en su tiempo, también hay que decirlo. Y crean una Nueva España racista. Y el español que viene para acá es racista, y tiene sentido; es un tema como el bullying, el que es buleado se convierte en buleador. En Europa, los españoles reciben racismo por parte de los franceses e ingleses. Supongo que el español que llega a América, al ver esta cultura india destruida, claro que le gusta sentirse superior y será racista. O sea: “a mí me violentan, yo violento; me violentan allá, yo violento acá”. Se crea un sistema de segregación donde el indio va de un lado y el español va del otro. Despreciamos al mestizo y a todas las castas que surgen de un mestizaje, por furtivo que sea, generando un aparato de castas que está repleto de discriminación. Y todo eso ahí está.

Zunzunegui, en tu novela hablas sobre el azar como contundente aliado de la hazaña cortesiana: “endemoniada suerte”, escribes. Recapitulo: una vez desembarcado en costas mexicanas, a Cortés le sonrió la fortuna con los intérpretes, luego con el abastecimiento alimenticio, también con los presagios nahuas, luego con la peste, y en España, más adelante, venciendo en el juicio contra el gobernador Diego Velázquez. Valga decir que en más de una ocasión se recuperó de diferentes heridas de guerra e incluso se salvó de la picadura de un alacrán. Entre todas estas venturas, ¿cuál fue el elemento más favorecedor?

Cuando te cuento la historia de Cortés, frecuentemente menciono que tiene una estrella endemoniada. Siempre digo: “La diosa fortuna lo abrazó cuando nació y no lo soltó nunca”. Porque incluso se enfrentó a un juicio de casi 20 años contra Carlos V y, de alguna forma, venció: quinientos años después queda muy claro que Carlos V no pudo borrar a Cortés de la historia. Frecuentemente menciono a la diosa Fortuna, pero lo hago de manera metafórica. No creo tanto en la suerte. Cortés tiene valentía, tamaños arrestos, cultura. De alguna forma, perdón por la palabra, pero constantemente lo digo así: la suerte no es amiga de los pendejos. Y si los tontos tienen suerte, no se enteran porque son tontos. La diosa Fortuna siempre encuentra a aquellos que la están buscando; al final alguien como Cortés solo puede tener suerte porque todo se acomoda en su favor, pero es así porque la derrota ni siquiera existe en su mente. Es bien importante entender esto: tu mente es creadora. La mente crea todo lo que le dices y cree todo lo que le dices. La mente crea todo aquello en lo que cree. Cortés no cree en la derrota; no hay forma alguna de que su mente pueda crear derrota porque él no contempla la derrota.

“Sin el conquistador y el tlatoani (Motecuzoma) los procesos y transformaciones históricas hubiesen sido los mismos” es una frase tuya. A lo largo del ensayo, tu hipótesis es que Cortés tenía una indefectible cita con la historia… Cortés y Motecuzoma tienen una cita, y todo en la historia se mueve para que ambos puedan encontrarse. No solamente es el hecho del que ya hablamos, de lo sobre- viviente que fue Hernán Cortés; ese misticismo tan sabio que tiene Motecuzoma. Hubo una lucha encarnizada entre docenas de hermanos aztecas que se mataron unos a otros y como resultado de eso, Motecuzoma, y no otro, fue el tlatoani. Cuitláhuac, su medio hermano, es uno de los que pretendió ser tlatoani y no lo logró, y aprovechará la presencia de los españoles incluso para darle un golpe de Estado y quedarse con el poder, pero finalmente, el tlatoani no fue Cuitláhuac, no fue nadie más, fue Motecuzoma porque es él quien tiene la cita con Cortés. Y la tiene porque solo él es capaz de comprender la llegada de Cortés.

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CRUCE DE DATOS

¿Era mejor Cortés con la espada o con las palabras?

Es un guerrero fuera de serie, porque es un sobreviviente. Todo a lo que sobrevivió nos deja claro que es un guerrero, que se le dio muy bien, pero su esencia no es esa. Cortés es un seductor. Sedujo a Marina, sedujo a Motecuzoma, sedujo a todos sus hombres. Tú imagínate que todos tus hombres dependen de ti. Todos

tus hombres se entregan a ti, confían en ti; asumen que, aunque hay muchos peligros, tú eres el mejor hombre para llevarlos a la victoria. Guías a tus hombres a Tenochtitlan. Entras por la puerta grande guiado por el Tlatoani y todos tus hombres dicen: “Hicimos bien en elegir a Cortés”. Pero meses después, viene la Noche Triste: Cuitláhuac se rebela y los españoles tienen que salir huyendo. Y en esa huida se muere la mitad de la gente; todo el mundo perdió un amigo, a un ser querido. Cortés lloró. Y se detiene a llorar porque perdió a Motecuzoma, la ciudad, su sueño y porque perdió a mucha gente. Y ahí, en una rivera del lago Texcoco, perseguidos por los aztecas –todavía no los recibían de nuevo los tlaxcaltecas–, sin el oro de Cortés, sin el del rey, sin el oro personal de nadie, con cientos de personas muertas, todo estaba conjurado para que le quitaran el mando a Cortés. Y Hernán Cortés dio un discurso y le refrendaron el mando. “Oye, ¡pero se acaba de morir la mitad! ¡Estás en la peor de tus derrotas! Y en la peor de tus derrotas nos guiaste a la mejor de las victorias. Ahora estamos en la peor de las derrotas; solo tú nos puedes sacar de aquí”. La principal herramienta de Hernán Cortés, su principal arma, siempre fueron las palabras.

Juan Miguel, escribiste una obra que se ocupa de contextualizar lo que sucedía en uno y otro lado del Atlántico, buscando dar el mismo pesaje a América que a Europa y a sus respectivos procesos históricos, la historia de su historia, apuntas. Además, eres un escritor didáctico y condescendiente, recapitulas cada vez que te es posible en favor de la comprensión de tu público. ¿A quién interpela esta obra?

Pues, a México. Interpela al prejuicio, a las tonterías históricas que nos han enseñado, por lo tanto, a todo el sistema educativo; interpela a nuestra Secretaría de Educación Pública. Interpela al presidente, que dice que Cortés fue el primer corrupto. Interpela a toda nuestra narrativa de derrota, a todos nuestros traumas y complejos; interpela, por lo tanto, a cada escritor y maestro de este país. Y por supuesto, a cada mexicano que me quiera dar la oportunidad de contarle una historia un poco más constructiva sobre nosotros mismos; por lo tanto, interpela desde el último lector hasta el presidente de la República.

Las peripecias de Hernán Cortés muerto son tantas como las del Hernán Cortés vivo. ¿Dónde yace Cortés? Físicamente, Cortés yace en México, donde tiene que yacer. Cortés es el primer mexicano; tiene que yacer aquí, en su patria, en la patria que él creó. Yace en el templo de Jesús Nazareno, contiguo al Hospital de Jesús, un lugar hermoso para que esté porque se trata de un templo construido por él, en un hospital construido por él y dotado de recursos económicos suyos. Probablemente es el único lugar de México donde siempre han tenido una buena imagen de Hernán Cortés. El conquistador lo funda en 1524, hoy sigue funcionando y continúa siendo una institución de asistencia privada, una IAP.

Texto por: LUIS FELIPE FERRA
Es Licenciado en Comunicación por la IBERO, Maestro en Humanidades por el Instituto Cultural Helénico y Maestro en Gestión de Arte y Cultura por la Universidad de Melbourne. Ha trabajado para agencias de publicidad como Publicis, Olabuenaga-Chemistri y Central Buzz. Es cofundador de la productora cultural Polytropos AC y pertenece al Global Fellowship (2017-18) del Instituto de Relaciones Culturales Internacionales de la Universidad de Edimburgo.

Fotos por: Carlos A. González