
El recuerdo más lejano que tengo de la palabra “collage” me lleva a los primeros años de la primaria, cuando la maestra nos pedía hacer uno para ilustrar algún tema visto en clase. Previamente, habíamos llevado nuestras revistas, tijeras y Pritt para hacer la actividad; luego, pasábamos un buen rato seleccionando y recortando las imágenes que creíamos adecuadas. Una actividad muy disfrutable, pero sin temor a equivocarme diría que no era propiamente arte. De regreso a 2026, veo que cada vez más surgen propuestas artísticas de collage y no puedo dejar de preguntarme: ¿qué hace al collage un arte?



La intención y una visión personal
Toda propuesta que se precie de artística comienza con un cuestionamiento, una aspiración, una pregunta lanzada al mundo: es tener la intención de descubrir, a través de una técnica, algo que le preocupa al alma. Es decir, los artistas utilizan diferentes medios, como la pintura, la escritura, la música, las expresiones visuales, etc., para plantearle a su público una inquietud personal que le lleve a la reflexión, la indignación o al simple goce estético.
Además, se requiere la visión personal del artista. Según Adriana Bermúdez, artista visual con PhD en Comunicación Audiovisual, “la visión personal del artista se resume en tres palabras: idea, emoción y memoria. Algo que nace desde dentro, que no se aprende, sino que se descubre”. Contexto muy diferente al ejemplo de recortar y pegar cosas una encima de la otra para ilustrar un resumen.

La técnica
Otro elemento fundamental en el collage, incluso en el arte en general, es el dominio o desdoble de una técnica. No conozco, a la fecha, a ninguna persona que no suela cantar mientras se baña cuando se encuentra especialmente alegre… nos es casi innato. Sin embargo, creo que nadie se llamaría a sí mismo cantante solo por ese simple hecho.
Para que una persona se destaque como artista debe pasar por un proceso de aprendizaje y dominio de la técnica que pretende usar para expresar su visión personal. Un caso muy conocido es el de Picasso, quien antes de desdoblar la imagen en lo que se convirtió en el Cubismo, dominó a la perfección el dibujo clásico; como dice el dicho: “hay que conocer las reglas para saber cómo romperlas”.
La selección y la composición
En el caso específico del collage, la selección del material y su organización en el lienzo son indispensables para que se considere una expresión artística. No es simplemente recortar imágenes bonitas: un recorte de periódico no comunica lo mismo que uno de un libro de cocina. Tanto los materiales como su lugar en la obra representan diferentes pensamientos o sentimientos, es decir, la imagen de un ave puede simbolizar la libertad o la naturaleza dependiendo de los elementos que la rodeen. Por otro lado, todas las imágenes deben, en su conjunto, contar una historia que invite al espectador a reflexionar e interpretar la obra. Sin ello, lo que tenemos no es arte, sino un mero entretenimiento con toques estéticos.
El collage es sin duda una expresión artística que nos invita a ver más allá y a repensar qué nos evoca una imagen puesta en un contexto diferente, adaptado a una narrativa y una perspectiva única; a ver en su conjunto y permitir que el mensaje nos cambie.






































