
El Pantone Institute eligió como color del año para 2026 el PANTONE 11-4201 Cloud Dancer, un tono blanco, muy etéreo… Un color que se supone servirá como base para toda clase de diseños: moda, aparatos electrónicos, muebles, Post-it, e incluso salió una masilla de Play-Doh de este color. Esto para un mexicano —y en general para un latinoamericano— no tiene sentido. Explosión de colores, de música, de ingredientes; un arrebato de dulces y ornamentos, familia, rituales y fiestas; eso somos los mexicanos. Dixy Rodríguez, fundadora del movimiento meximalista, lo dijo claramente en una frase: somos lo demasiado.
Los orígenes del meximalismo
Si bien el término meximalismo surge como una respuesta contestataria a la tendencia internacional que pondera los colores neutros, los espacios limpios y los diseños minimalistas, sus orígenes en realidad pueden rastrearse hasta el siglo XVII, en la época novohispana. Este estilo artístico se caracterizó por la fusión exuberante de elementos españoles con motivos indígenas y materiales locales destacados por su decoración excesiva y extremadamente colorida, que pretendían reflejar la riqueza de la Nueva España. Asimismo, y al igual que hoy en día, las temáticas solían ser religiosas, enfocadas tanto en los santos como en la Vírgen María; de ahí que esta última se haya convertido en un ícono del meximalismo, así como de la cultura pop actual.


Lo identitario
A pesar de que este estilo visual se mueve en un contexto de tendencias (o, mejor dicho, contratendencias), la creadora del meximalismo Dixy Rodríguez afirmó, en una entrevista con The New York Times Style Magazine, que:
“[En 2023] Comencé haciendo producciones editoriales independientes con un estilo kitsch y ecléctico, pero con esa esencia mexicana. Aún no tenía nombre. Lo llamaba Mexican style, aunque sentía que no era suficiente. Hasta que entendí que no se trataba solo de kitsch, sino de identidad. Entonces lo nombré Meximalismo. Al principio fue un manifiesto personal, pero después me di cuenta de que no era solo mío, sino de todos los que vemos lo “demasiado México” como orgullo cultural, no como tendencia.”



Lo demasiado como identidad, de eso se trata. Ningún mexicano necesita justificación ante una manteconcha, una gomichela con camarones o una terraza con infinidad de macetas cada una con plantas diferentes. No necesitamos explicación ante el dicho “te colgaste hasta el molcajete”. Sabemos que amamos el exceso y que este le da vida a nuestra cultura.



El tamaño sí importa
Lo grande es quizá la característica principal del meximalismo: una gran expresión de lo cotidiano. Son los textiles saturados de flores y aves; es la cerámica de barro plagada de color; son las paredes llenas de corazones de repujado y diablitos; es el baile del venado, con su ajuar y su máscara cornuda; son las piñatas y el ponche. México en todo su desbordante esplendor.

Es América… latina
Rodríguez afirma que con este auge de color y cultura mexicana se ha impulsado también la unión de nuestras raíces con el resto de América Latina. Por ello, Dixy habla también de un MaxiLatinismo, el cual promueve la comunión de orígenes desde “un color que no pide permiso”. Y el espectáculo de Bad Bunny durante el Super Bowl LX no podría encajar mejor: nombrar imagen a imagen lo que nos hace ser un continente que, desde la comunidad, el color y la exuberancia resiste a un mundo que dice que el diseño es neutralidad con bordes impecables.










































