Una muy buena noticia es que cada vez se vuelve más y más relevante para las personas adquirir productos que no solo sean de buena calidad, sino que además sean responsables con el medio ambiente. En un estudio realizado en México por la agencia de software Capterra, el 88% de los encuestados se ha replanteado sus hábitos de consumo con el fin de hacer compras de manera más sostenible; asimismo, el 60% declaró que pagaría “20% más del precio original del producto o servicio si este proviene de un proceso sostenible, principalmente en las siguientes categorías: transporte y entrega, comida y bebida, ropa, productos de uso doméstico, cosmética y bienestar”. 

Sin embargo, esta misma tendencia tiene su lado oscuro: el hecho de que volver verde un producto y sus procesos requiere de un incremento de costos y muchas empresas no pueden o no quieren llevarlo a cabo. Por ello, desafortunadamente, ha surgido una nueva práctica llamada greenwashing, la cual consiste en hacer alarde de “ecofriendly” un producto que no lo es, o no lo es en su cabalidad. Y en ninguna industria es tan evidente el engaño hacia los consumidores como en la moda.

Una práctica con historia consolidada en los años 80

Si bien esta práctica se llevaba a cabo desde la década de los 60, el término fue acuñado hasta 1986 por Jay Westerveld, quien identificó el fenómeno cuando vio un cartel de un hotel que promovía que sus clientes dejaran en el piso solo las toallas que requirieran ser lavadas, con el objetivo de ahorrar agua. Sin embargo, al investigar más a fondo las políticas de este hotel, descubrió que, al mismo tiempo que vendía la idea de ser responsable con el medio ambiente a través del ahorro del agua, estaba consolidando una expansión que ponía en peligro la naturaleza. 

Un mecanismo de engaño

Para entender a fondo el greenwashing, es necesario saber cómo es que opera y existen dos formas. Por un lado, está la estrategia de darle foco y promocionar un aspecto o parte del proceso del producto que es sustentable y presentarlo como si fuera todo en sí lo que es amigable con el ambiente. Un ejemplo de esto puede ser un café que el envase sea reciclado pero el café sea comprado de productores que no respetan los derechos laborales de los agricultores. 

Greenwashing, los peligros del ecocidio en la moda - 65589d5c-gp0stvo4a-low-res-with-credit-line-800px

La otra manera de realizar el greenwashing es utilizar mensajes ambiguos o genéricos para su publicidad, lo que provoca que el consumidor no sepa con claridad a qué se refieren los términos que usan.

El greenwashing en la moda

Es bien sabido ya que la industria de la moda es una de las más contaminantes a nivel mundial, debido a que, por un lado, utiliza muchos recursos no renovables -como el agua- y por el otro, su producción tan masiva requiere de mano de obra barata que en muchas ocasiones incluye el trabajo infantil y la explotación. Un ejemplo muy claro es el fast fashion, el cual consiste en ponerle la etiqueta de “eco”, “consciente”, u “orgánico” sin importar que parte de sus procesos sean sumamente contaminantes.

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Foto: Freepik

¿Cómo evitar contribuir?

Sin duda, como consumidor, es una de las mayores preguntas y la respuesta no es sencilla. Dado que la naturaleza misma del greenwashing es confundir a las personas, no es fácil encontrar la información adecuada para decidir qué producto efectivamente es amable con el medio ambiente y cuál no. Sin embargo, todos tenemos el derecho a cuestionar a las marcas para que nos proporcionen los datos suficientes para comprobar las afirmaciones que nos presentan a la hora de vendernos un producto.

Si quieres saber más sobre qué marcas de ropa hacen greenwashing, consulta este video.