Los millennials crecimos entre paredes amarillas, platos de porcelana decorativos, vitrinas llenas de copas y figurines, colecciones de campanas, tapetes con garigoleados persas, sillas con tapiz de flores, libreros llenos de enciclopedias que nadie jamás abría… y la lista sigue y sigue. Simplemente no había dónde reposar la vista. Sin embargo, cuando llegó nuestra oportunidad de decorar nuestro propio espacio, no dudamos en elegir colores y estilos que nos dieran una sensación de calma y amplitud: el gris y el minimalismo.

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Foto: pexels

Para todas aquellas personas que nacieron en los coloridos -y saturados- años 80, el gris significó un muy necesitado descanso visual. Y lo pusimos en todas partes: paredes, muebles, telas, vajillas, e incluso en nuestra ropa. En un intento de mover el péndulo hacia el lado opuesto del estilo con el que crecimos, utilizamos este color para volver más “estéticos” nuestros espacios, más instagrameábles, para usar el léxico generacional. Sin embargo, el excesivo uso del gris, un color neutro, fue socavando paulatinamente la variedad de tonos en nuestra vida diaria y todo se volvió -sorpresa, sorpresa- más gris.

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Foto: hola.com

Una digresión por el minimalismo

Otro factor que sumó a este fenómeno fue el auge del minimalismo como estilo predominante, tanto en los hogares como en la moda. Espacios amplios con pocos objetos decorativos daban más lugar a las superficies y muebles grises, sin muchos elementos para contrastar a nivel de colores. Para los millennials, fue importante imponerse como la nueva generación llevando su estilo de vida al extremo opuesto del sobresaturado estilo de los boomers

Verde: un primer acento hacia un futuro más colorido

Después de una década del imperio gris, el primer color que vino a regresarnos la vida fue el verde. En todo tipo de diseños comenzamos a ver acentos de distintos tonos de verde, como el olivo o el aqua. Esto implicó un verdadero cambio positivo en las tendencias, ya que el gris empezó a ubicarse en su lugar como color neutro: la base. Es decir, el amplio uso del gris no es en sí el problema, sino que perdimos de vista que los colores neutros tienen la función de ser el fondo sobre el cual se apoyan el resto de los colores; y no como el centro de atención. 

Un neutro por un neutro

Sin embargo, a pesar de que muchas personas han afirmado que el verde es el nuevo gris, esto no es del todo cierto. Como ya hemos mencionado, el gris es un color neutro y como tal suele usarse como base, ya sea en un espacio o en un outfit, por lo que siempre será necesario en cualquier diseño. Y por otro lado, el verde es un color vibrante que es indispensable como foco de atención, o como mínimo, un acento. De tal manera que, el color que verdaderamente sustituye al gris es otro color neutro: el greige. Una especie de mezcla entre gris y beige que ha estado llenando los feeds de Instagram y Pinterest. Un color menos etéreo, pero con más calidez que está llenando nuestros espacios, ¡y nuestra vida!, de más color.

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Fotos: José Hevia, en ArchDaily