
Habitar el cambio implica aceptar que la identidad no es un punto fijo, sino un movimiento constante. En ese tránsito, la creación se convierte en un espacio de exploración donde el riesgo, la intuición y la honestidad emocional marcan el ritmo.

El trabajo de Tessa Ía se construye desde ahí: una mirada que cruza lenguajes, disciplinas y procesos, y que entiende la transformación como una condición natural del acto creativo.
¿En qué momento supiste que el arte iba a ser tu forma de estar en el mundo?
Crecí inmersa en el arte gracias a mis padres. Entre visitas a museos, tardes de teatro y el descubrimiento constante de música nueva, mi entorno familiar siempre fue culturalmente rico.
Más allá de esa herencia, el verdadero hallazgo ocurrió en la lectura. Al perderme durante horas en los libros, entendí que el arte estaba destinado a convertirse en mi voz y en mi forma de habitar el mundo.

Creciste rodeada de referentes artísticos. ¿Cómo fue construir una identidad propia dentro de ese contexto?
Desde chiquita tuve una actitud rebelde ante la vida, con ganas de ir a contracorriente del deber ser. Esa curiosidad por explorar fuera de la zona de confort y abrazar la incomodidad me ha llevado a descubrir experiencias y conceptos reveladores sobre quién soy.
Te describen como una artista mutante. ¿Qué significa para ti estar en constante transformación?
Estar entre dos mundos artísticos distintos genera una sensación particular. Con el tiempo entendí que mi lugar está en el cambio. Mientras mantenga mi esencia personal, cualquier espacio puede convertirse en un escenario para crear.
¿Cómo navegas la industria sin perder la autenticidad de tu propuesta?
Ser fiel a uno mismo implica no dejar de perderse en la búsqueda constante. Es un proceso de extravío y reencuentro que exige aprender a confiar en la intuición.
¿Qué tipo de personajes te atraen más y por qué?
Me atraen las historias emocionalmente densas. Habitar esas complejidades permite darles voz y cuerpo. El arte existe para que el espectador se asome a mundos internos que, de otra forma, serían inaccesibles. Es una experiencia que sucede en el encuentro entre el personaje y quien observa.

Nadie nos vio partir aborda temas duros. ¿Qué fue lo más retador a nivel emocional?
La complejidad emocional de las decisiones de Valeria. Es una mujer que lucha contra lo que la sociedad y su comunidad esperan de ella, pero sigue una intuición que resuena como verdad.
Hay fidelidad a sí misma, pero también culpa hacia su familia, y esa tensión atraviesa todo el personaje.
¿Cómo fue habitar un personaje en una historia tan íntima que conectó a nivel global en Netflix?
El proyecto fue un sueño. Estoy profundamente agradecida con Tamara Trottner por confiar en nosotros para contar esta historia. Rodar en distintas partes del mundo fue fascinante, pero lo más especial fue el equipo. Nos convertimos en una familia, y esa intimidad se tradujo en una resonancia global. No sucede todos los días que un proyecto tan personal conecte de esa manera.
¿Cómo construyes la narrativa de tus canciones?
A veces tengo claro el tema y, al sentarme a escribir, aparece algo completamente distinto. Aprendí a fluir con ese proceso y a entender que ciertos temas encuentran su propia forma de salir.
Lo veo como un collage donde ideas, referencias visuales y colores se van entretejiendo hasta cobrar sentido.

¿Cómo ha cambiado tu relación con la música desde tu primer álbum?
Cambió el lugar desde el que la abordo. Antes era una chispa creativa sin una comprensión clara. Hoy existe la posibilidad de elegir qué hago y cómo lo hago, algo que llega con el camino recorrido.
¿Sientes que tu faceta musical ha enriquecido tu forma de actuar, o viceversa?
Moverme entre la música y la actuación genera tranquilidad. Saber que existe otro universo creativo al cual recurrir permite canalizar ideas y energía.
Cuando uno termina, el otro aparece como un espacio de libertad.
¿Qué riesgos creativos estás dispuesta a tomar hoy?
El impulso constante es empujar un poco más fuera de la comodidad. Esa incomodidad es la que hace crecer y enriquecer el proceso. Siempre es emocionante descubrir qué aventura aparece después.
¿Qué te gustaría que el público entendiera de ti más allá de la pantalla o la música?
Creo por una necesidad interna. Busco una conexión real y orgánica.
Lo más valioso es que las personas perciban esa verdad y se identifiquen con la evolución. El deseo es seguir construyendo un camino propio y que, desde esa libertad, otros encuentren algo que también les pertenezca.




































