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Fernanda Caballero y Aldo Chaparro, la inspiración detrás de sus creaciones

La pareja de artistas habla de entretejer historias, detener el tiempo en el lienzo y destruir para crear arte. Una extensa conversación con Fernanda Caballero y Aldo Chaparro, desvela sus procesos individuales y el punto donde se materializa la fusión de estas dos mentes: sus obras.

Más que una casa, podría decir que se trata de un verdadero santuario de arte. El espacio que crearon Fernanda y Aldo desborda encanto en cada esquina. Una mezcla de diseño, textiles, naturaleza y la cantidad exacta de improvisación. Lo que antes fue un simulacro, hoy lo llevan a cabo a nivel profesional en una exposición donde los procesos creativos de ambos confluyen.

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ALDO CHAPARRO

Peruano de nacimiento y mexi- cano por decisión. Él pasa de lo individual a lo colectivo, de la pintura a la escultura y de la filmación al trabajo con textiles. Un artista multifacético que re- nace como local en cada ciudad del mundo donde abre las puer- tas de un nuevo estudio.

¿Cómo te mantienes fiel a ti mismo sin dejar de cambiar?

El placer es un gran indicador cuando estás en el camino correcto. Si dentro de tu propio proceso sientes emoción, placer y eso te genera una adrenalina que te permite continuar, es que estás poniendo atención a lo correcto.

¿Cómo te unes al arte colaborativo?

Me aburro muy fácil, paso constantemente de un material a otro, es por eso que en el estudio hay pintura, escultura, cine, video, ropa, dibujos y collages. Esto viene de algo que me enseñó una maestra en la universidad. Ella me dijo: “Cuando dominas una técnica la tienes que abandonar, porque lo que sigue es amaneramiento”. Y lo entiendo muy bien: estás tratando de dominar el material y este está tratando de mantener su forma; esta pelea carga a la obra de una vitalidad difícil de obtener por me- dio de un proceso mecánico.

Por eso, lo colaborativo llegó como un escenario más. Cuando el panorama se abre a las relaciones con otros artistas en diferentes medios, el reto se vuelve infinito. Siempre digo que uno no debe ser un contenedor, sino un conductor: lo que entra, sale. El constante movimiento es lo que hace que una máquina funcione.

¿Cómo saber cuándo una obra ya está terminada?

En mi caso, fallo más por trabajar de más que por trabajar de menos. Siempre ha sido muy importante el triángulo: la idea, el material y el tiempo de resolución. Los tiempos de resolución cortos a mí me funcionan, porque mantengo esa vitalidad. En el caso de las piezas de acero, por ejemplo, yo me pon- go un par de guantes y doblo las piezas con todo el cuerpo. Es como una especie de pelea y de danza, porque hay pasos aprendidos, pero al mismo tiempo, siempre es diferente. Cuando un pintor pinta, lo hace por capas, va construyendo. Lo que hago yo es destruir y nunca podría repetir un paso.

Por eso es que para mí son tan estimulantes esas piezas, porque toda mi filosofía está representada en esos objetos. Son procesos rápidos que me obligan a estar siempre viviendo en el presente, improvisando, solucionando en el camino. Tengo que pensar en la destrucción más que como un proceso. También que existe una relación importante entre mi estado de ánimo y el resultado. Cuando entendí eso, le cambié los nombres a las piezas: es la hora, el día, el mes, el año y el lugar donde las hice. Considero los aceros como una especie de autorretrato de mis emociones y pueden serlo gracias a que yo tengo un control parcial del proceso y lo demás es una situación siempre diferente y nueva.

“ME DI CUENTA DE QUE EL CAMINO MÁS VALIOSO PARA MÍ ERA MIRAR HACIA ADENTRO Y HACIA ATRÁS”.

¿Consideras que existe una relación entre lo emocional plasmado en tu arte y que esas sean tus piezas más reconocidas?

Estoy seguro de que el éxito de esas piezas tiene que ver con la idea de que los aceros no son una construcción, sino una destrucción, y es el objeto que queda después de ese accidente. Todas esas irregularidades e imperfecciones.

Nosotros tenemos asociadas las arrugas a una serie de cosas no tan agradables: un deterioro, un error, como cuando te equivocas en algo que escribes, lo arrugas y lo tiras. En estas piezas de acero hay una especie de aceptación de nuestros propios defectos, de nuestras propias arrugas. Eso genera mucha empatía en el espectador, aceptar un objeto destruido y aceptarnos a nosotros mismos con nuestras irregularidades.

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¿Existe una ambivalencia de lo vivo y lo destruido en los procesos y colores que utilizas?

Es una combinación de varias cosas. Por un lado, tienen una superficie, un color y una delicadeza muy atractiva, pero el objeto te habla de destrucción, de caos y de un proceso no tradicional. Es un equilibrio: por un lado son muy fuertes y por el otro lado son muy frágiles. Por un lado son feas y por el otro lado son muy estéticas. Esa ambivalencia es vital en estas piezas.

¿Qué te lleva a retomar las que trabajaste hace tiempo?

Tengo documentación de todas mis piezas, procesos y dibujos desde la época universitaria. Durante 14 años tuve una editorial, trabajé como editor, director y director de arte. Después de un tiempo, vi que eso no me llevaba a ningún camino de introspección, entonces lo dejé y regresé a trabajar en lo mío, pero con un conocimiento muy diferente del que tienen otros artistas.

Ahí me di cuenta de que el camino más valioso para mí era mirar hacia adentro y hacia atrás. Ahora estoy revisando mis cuadernos viejos y encuentro dibujos e ideas muy buenas de hace muchos años, pero que en su momento no pude desarrollar por falta de experiencia, de técnica o de presupuesto. Ahora trato de hacer un abecedario de mis propias ideas en diferentes momentos y abandonar lo que hacía antes: ir a ferias, leer sobre arte contemporáneo, conocer a todos los artistas. Ya no me interesa en lo absoluto, de hecho, en estos momentos de mi vida, siento que ya no tiene ningún sentido ver hacia fuera.

¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

Tenemos varios dentro del Museo Joaquín Pagas, en Valle de Bravo. Hemos abierto un espacio que se llama La Toronja, que pretende hacer exposiciones de artistas internacionales y locales en Valle de Bravo. Por otro lado, una exposición en Mérida con José García el próximo año y lo que más me mueve es que mi esposa Fernanda y yo tendremos una exposición en París y en Cusco, Perú.

FERNANDA CABALLERO

Apasionada de la naturaleza, el baile, el yoga y la meditación como inspiración principal para crear arte, refleja en cada pieza su propio desarrollo espiritual. En su proceso utiliza los colores y las formas como medio para entender las emociones.

¿Cómo funciona tu proceso creativo?

Todo lo que está a mi alrededor, mi contexto y lo que hago con mi cuerpo, de una u otra manera le suma a mi proceso. A grandes rasgos, mi inspiración viene casi en su totalidad de la naturaleza y de mi trabajo personal y espiritual. La gran mayoría de las veces empiezo ordenando, es una manera en la que mi mente encuentra claridad, y ya que encontré un ratito de silencio me pongo a trabajar con mi cuerpo, que es la herramienta que más conozco; me estiro y medito. De ahí ya es muy claro lo que quiero y tengo que hacer.

Háblame de Beginner’s Mind.

Esta es mi última exposición individual, que acaba de inaugurar en la galería Enrique Guerrero. El nombre, Beginner’s Mind, viene de esta enseñanza

del budismo zen que te pide romper todos los parámetros y prejuicios instituidos en tu mente; cuando uno piensa que sabe, se limita y no es capaz de abrirse al conocimiento nuevo. El preámbulo de la exposición es la idea de disfrutar el proceso de manera que no me limitara en ningún aspecto, ni en el uso de colores ni en la manera. Se trataba de llevar al límite cualquier bastidor o cualquier ejercicio con esta mente de principiante, en donde hay mil posibilidades por explorar, por conocer y aprender.

¿Cómo se involucra el movimiento en tu arte?

Está en absolutamente cada par- te de mi proceso. Yo era bailarina, tuve una lesión fuerte y por eso conocí el yoga. Tenemos toda la vida para explorar el cuerpo de mil maneras, creo en el trabajo físico y eso lo necesita mi obra también. En realidad, lo que pasa es un baile con la lona, yo estoy pintando con todo mi cuerpo; uso manos, brazos, piernas y a veces hasta mi pelo. De una u otra manera estoy componiendo un sello de mi cuerpo en este momento, aquí y ahora.

¿Cómo podrías traducir el tiempo de tus obras?

Tengo piezas que necesito que terminen de secar antes de dar la siguiente capa, y ese secado no siempre depende del clima, a veces depende de la pendiente del piso. En Beginner’s Mind hay muchas piezas en donde la pintura se fue secando desde afuera hacia adentro y fue creando aros, que para mí son básicamente lo mismo que los aros que van marcando el crecimiento de un árbol, el tiempo. Es como hacer sellos con el cuerpo y marcar el tiempo, lo que es imposible; sin embargo, es la obsesión de todo ser humano: dejar algo tangible y no dejar que se vaya como todo lo que es efímero, incluso nosotros.

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¿Cuáles son tus proyectos actuales y futuros?

Mis metas son seguir trabajan- do en mi propio proceso y en mi trabajo. Además de la exposición con Aldo, yo organizo retiros una o dos veces al año, junto con Ana Pao Covarrubias, mi socia. Por último, estoy explorando nuevos medios. Actual- mente, hago escultura y, pues nada, seguir trabajando adentro y afuera.

“ME SIENTO MUY A GUSTO EXPLORANDO EL MEDIO DE LA PINTURA A TRAVÉS DE MI CUERPO”

ALDO Y FERNANDA

¿Cómo cohabitan dos mentes creativas en un espacio sin perder la individualidad y, al mismo tiempo, ceden para que ese espacio exista?

AC: Cuando nos propusieron hacer una exposición en Monterrey, mi argumento era que, si la relación funciona, muy probablemente un proyecto artístico com- partido, también. Era un experimento y efectivamente funcionó. Pienso que queda muy claro cuál es el rol de cada uno en el trabajo en equipo. Yo soy muy cerebral en mis procesos y Fernanda es muy intuitiva, entonces hay un cruce que, si lo sabemos entender, puede ser muy fructífero.

¿Cuál es la clave para mantener tu propia voz y no ser eco del otro?

FC: Para mí es primordial mi trabajo espiritual. Si no estoy bien cimentada en quién soy, sí podría mezclarme de más. Pasa mucho que cuando eres muy emocional y empático, no te das cuenta y te fusionas. Yo puedo ser muy existencial y Aldo me trae de regreso a esta realidad 3D, y eso creo que se nota en nuestro trabajo en conjunto.

AC: Manejar una relación podría ser, como hecho, demasiado abstracto. El mundo de las ideas se traduce al plano material en objetos y acciones reales. Entonces es didáctico, juntar una pintura de Fernanda con una mía es el ejemplo práctico de juntar nuestras vidas. El ejemplo técnico, el real, una cosa alimenta la otra y como resultado están las obras.

26 Taller fue su primer proyecto en conjunto. ¿Cómo surgió?

AC: Antes de conocer a Fernanda, yo coleccionaba textiles. Era algo que podía comprar durante los viajes y transportarlo fácilmente. Ella hacía lo mismo. Luego, empezamos a viajar y comprar juntos. Un día nos dimos cuenta de teníamos una colección que sabíamos que se podía mover y de esa manera financiar las siguientes compras y por eso empezamos Taller 26.

FC: Fue nuestro “primer hijo” juntos, lo empezamos incluso antes de casarnos. Fue un proyecto donde Aldo tenía el espacio, teníamos una cantidad de textiles y objetos de absoluta- mente todos lados, la casa estaba llena de cosas y fue muy lógico. Empezamos a visibilizar nuestra colección porque de nada sirve el textil guardado en una bodega, tiene que estar expuesto y si hay un comprador, que se venda. Reutilizar, sacar todo para una nueva vida.

¿Qué parte del otro encuentran al momento de viajar?

AC: Antes yo viajaba a distintos lugares, ahora nuestros viajes se han centrado a donde tenemos estudios y eso es increíble. Es un espacio que hemos decorado, armado, diseñado y son nuestras sábanas, nuestra ropa, es nuestra casa también. Entonces, ya no son esos viajes de aventura a lugares desconocidos, sino es más bien llegar a casa otra vez y entender el barrio, hacer conexiones, ver a los amigos y ver proyectos de trabajo.

FC: Creo que viajando recor- damos quiénes somos, a nivel individual. Y eso permite más espacio entre los dos para ree- namorarnos, por eso regresa- mos de cada viaje recargados. Es sacarnos de contexto y vernos desde otro lugar, de esa manera, sin querer estás inyectando amor y fantasía a una relación que, al estar todo el tiempo juntos y tra- bajar juntos, se puede desgastar. Viajando le inyectamos vida a lo que pasa aquí.

En cuanto a objetos y técnicas, ¿qué están planeando hacer?

AC: Hay de todo. Piezas hechas pensando en el otro y piezas he- chas entre los dos. Nuestra siguiente exposición será en París, en la Galería 193, en marzo de 2022. Tenemos una pieza en la exposición que no se va a saber quién la hizo. Es una pieza de Aldo que hizo Fernanda o una pieza de Fernanda que hizo Aldo, pero no le vamos a contar a nadie.

FC: Buscamos jugar un poco con la noción de quién es quién, a nivel individual y grupal.

Entrevista por: Isabel Flores
Fotos: Ximena del Valle

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