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Melbourne at its best.

Gracias al óptimo balance entre estabilidad económica, cultura y medio ambiente, asistencia médica, educación e infraestructura, en agosto del 2017, Melbourne se convirtió por séptima ocasión consecutiva en la ciudad con mejor calidad de vida del mundo, según The Global Liveability Report (de la Unidad de Inteligencia de The Economist). La distinción es todo excepto azarosa, ya que la sociedad pluricultural que la conforma, los competitivos suel- dos y su apasionante escena artística, sin duda la convierten en una de las ciudades más atractivas de todo el hemisferio sur.

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Foto: Luis Felipe Ferra

NOBLE NOMENCLATURA

El primer ministro de Inglaterra, William Lamb, mejor conocido como lord Melbourne, fue consejero cercano de la reina Victoria, entre otras cosas. Y aunque una parte de su vida la pasó despechado porque su esposa, Caroline Ponsoby, huyó con el célebre poeta Lord Byron, su mancillado orgullo encontraría consuelo en 1847, cuando la propia reina declarase oficialmente Melbourne como ciudad del Imperio Británico. El pequeño asentamiento experimentó un crecimiento exponencial en 1851, pues al separarse del Estado de Nueva Gales del Sur, los pobladores descubrieron oro; la euforia fue tanta que tan solo un año después, 75 mil gambusinos de todo el mundo navegaron hasta sus costas.

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Foto: Luis Felipe Ferra

ROSTRO MULTICULTURAL

Melbourne está situada en la punta sureste de Australia, justo en medio de la quieta bahía de Port Phillip, y es una ciudad tan cosmopolita como Nueva York o Londres. Por lo tanto, no es extraño escuchar en los trams conversaciones completas en ruso, coreano y holandés. De hecho, desde 2016 el mandarín es el idioma que más se habla en la región, tan solo después del inglés; le siguen el italiano, el griego, el vietnamita y el árabe. En Victoria, el estado al que pertenece Melbourne, el 28% de sus habitantes nacieron en el extranjero y es, en proporción, el área con más ciudadanos con background no-anglosajón. Y aunque los migrantes ingleses siguen ocupando la primera posición en el estado, el top 15 de naciones migrantes incluye India, China, Sri Lanka, Sudáfrica y Malasia.

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Foto: Luis Felipe Ferra

CAFEINÓMANOS

Por su parte, las comunidades griega e italiana han dejado una honda huella en la ciudad. Se dice que el mejor café del mundo se toma en Melbourne, y aunque sea cuestión de gustos, se advierte que la afición es grande: solo en Melbourne hay 10 máquinas de café por cuadra, algo absolutamente sorprendente. La filia por lo italiano trasciende al Little Italy de Carlton y se deja ver en bebidas como el chinotto, el Campari o el Aperol, que han conquistado el mercado local. La firma griega no se rezaga y es ostensible no solo en la concurrida calle de Longsdale, sino también en Oakleigh, mejor conocido como el barrio griego, en donde en contraste con los sofrenados hábitos anglo, las pastelerías, cafés y restaurantes permanecen abiertos hasta la madrugada, incluso entre semana.

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Foto: Luis Felipe Ferra

FOODIES

Con excepción de la carne de canguro y el Vegemite, la comida en Melbourne es siempre internacional, y por qué no decirlo, también siempre suculenta. De este modo, ver a los trabajadores melburnianos desplazarse con un Banh Mi vietnamita en mano o bien, agasajarse con un gözleme turco es perfectamente normal.

Por su parte, la fiebre por los productos orgánicos ha hecho de Melbourne la meca de los mercados y basta recorrer los pasillos del Prahran Market para percatarse de que la mala reputación que se ha granjeado Inglaterra en lo culinario no tuvo, afortunadamente, eco en estas latitudes. Además, a nivel mundial los llamados “oz’s” ocupan la séptima posición en la producción vitícola. A tan solo 45 minutos de Melbourne se encuentra Yarra Valley, un excelente pretexto para pasar un fin de semana diferente, recorriendo viñedos, catando vinos y comiendo quesos. La producción regional se centra en los Chardonnay, espumosos, Pinot Noir, Shiraz y los Cabernet-Sauvignon.

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Foto: Universidad de Melbourne

RIQUEZA CULTURAL

Indiscutiblemente, Melbourne es la capital cultural de Australia, el nombramiento en 2008 como Ciudad Creativa de la Unesco la ha puesto en el mapa internacional y se ha convertido en una parada obligada para quienes visitan el país, a veces por delante de Sídney. Además de la National Gallery of Victoria (NGV) que alberga una colección de 70,000 piezas y que se yergue como la primera galería pública de Oceanía, Melbourne es sede del Arts Centre, del Australian Institute for the Moving Image (ACMI), del Hamer Hall (el Conert Hall melbournense), del Ian Potter Museum, del Melbourne Theatre Company (MTC), del Australian Centre for Contemporary Art (ACCA), del Malthouse Theatre y del Immigration Museum, así como un número incalculable de galerías de arte, que hacen de su oferta cultural una de las fortalezas distintivas de la ciudad.

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Foto: Luis Felipe Ferra

Por si fuera poco, Melbourne cuenta con una de las escenas de street art más activas y reconocidas del mundo. Muchas de sus construcciones están intervenidas por artistas urbanos de la talla de Invader, Bansky y Daniel Lynch. Los característicos lanes y alleys de la ciudad, del llamado Central Business District (CBD), son ideales para que florezcan las expresiones alternativas.

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Foto: Luis Felipe Ferra

Pero si hay algo que subrayar de la magnífica metrópoli es la rica oferta de festivales, sobre todo durante el verano. Entre ellos destaca el festival estrella: el Melbourne Festival, que complementado con el Fringe, se apodera de la urbe; le sigue el M/ FW (Melbourne Fashion Week); el Melbourne International Comedy Festival; el Melbourne International Film Festival – MIFF; y desde luego, el festival internacional de jazz, que este año celebra su vigésimo aniversario.

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Foto: Luis Felipe Ferra

OFERTA VERDE

Entre criquet, croquet y rugby, los parques melburnianos irradian vida; y felizmente los hay para todos los gustos y por toda la ciudad: el Albert Park, circuito de 5 km que rodea un lago artificial con cisnes negros, patos y cacatúas; el Fawkner Park, especialmente funcional para quienes tienen mascota; los Royal Botanical Gardens, los cuales, además de albergar cerca de un millón y medio de especies de flora distinta, cuenta con áreas verdes para realizar picnics; o los Fitzroy Gardens, donde se encuentra, técnicamente, la construcción más vieja de Australia (1755): la cabaña de los padres del explorador James Cook, quien sumó el nuevo continente a los dominios de la corona inglesa.

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Foto: Universidad de Melbourne

 TRANSPORTE PARA LA GENTE

Aunque Ferraris, Maseratis y Bentleys transitan despreocupados por las calles de la ciudad, el transporte público en Melbourne es altamente eficiente. Además de contar con la red de tranvías más grande del mundo, está conectada a través de autobuses y metro, por lo que no resulta atípico observar que empresarios de alto rango muchas veces se decanten por esta opción para transportarse. Pero, sin importar la temporada, un básico melburniano es la bicicleta; hay más de 3,500 km de ciclovías que conectan al CBD con el resto de los suburbios.

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Foto: Universidad de Melbourne

DEPORTEÍSMO

Llama la atención la cantidad de gente corriendo por las calles a deshoras o acudiendo a conciertos en active wear. Aunque a menudo la práctica deportiva no es el mejor maridaje de la cultura, en Melbourne conviven fraternalmente lo mejor de los dos mundos. Eventos como el Australian Open y el Australian Grand Prix, ambos en pleno verano australiano (enero-febrero), son la punta de lanza que atrae a la ciudad a miles de turistas año tras año. Recintos como el Melbourne Cricket Ground (MCG), el Rod Laver Arena o el Docklands Stadium también despejan las dudas, pero la fiebre por el deporte no es necesariamente nueva: las Olimpíadas de 1956 de la que fuera sede Melbourne dejaron una imborrable impronta en este aspecto.

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Foto: Universidad de Melbourne

PARAÍSO HÍPSTER

Si bien es cierto que junto con Gan Hahashmal en Tel Aviv y Hongdae en Seúl, Fitzroy en Melbourne es uno de los principales barrios hípsters del planeta, la moda de lumberjack no se constriñe a esa zona, por el contrario, se expande chispeante por cada suburbio. Lo cotidiano es ver a hombres con botines, extensamente tatuados, gafas de pasta y barbas crecidas, razón que explica la apabullante oferta de barber shops y tattoo studios en la metrópoli. La gentrificación también ha alcanzado otras áreas. Si las chocolaterías belgas asemejan joyerías, las tiendas en Melbourne parecen sets cinematográficos. Aunque existen centros comerciales, al tratarse de compras, el encanto de Melbourne está por mucho en la exclusividad de sus boutiques: la moda melburniana brilla por sí sola con diseños rectos, sobrios y minimalistas.

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Foto: Universidad de Melbourne

MÉXICO EN MELBOURNE

Debido al llamado efecto Trump, los 14 mil kilómetros de océano que separan México de Australia, han dejado de representar una limitante para las relaciones bilaterales.

Hay al menos tres datos de interés que lo prueban. Por un lado, el Departamento de Relaciones Exteriores y Comercio Australiano informa que en 2016, aproximadamente 8,800 mexicanos visitaron la nación; por otro, la comida mexicana se ha encumbrado en el paladar aussie. No hay suburbio sin algún restaurante que honre a México, y por encima de la exitosa proliferación de las cadenas Fonda, Guzman y Gomez, Mad Méx y Zambrero, es la consolidación de Mission Foods (subsidiaria australiana de Grupo Gruma) junto con la nutrida sección de productos nacionales en las cadenas de supermercados Woolworths y Coles, lo que mejor refleja su preferencia. El último factor es el elemento educativo: actualmente Australia se yergue como el octavo país más popular para los mexicanos que desean continuar sus estudios a nivel de posgrado, y con todas las razones expuestas, Melbourne aventaja al resto de ciudades oceánicas. Poco a poco, Melbourne University, RMIT, Monash University y La Trobe University empiezan a figurar en los currículum de los profesionistas mexicanos.

Texto por Luis Felipe Ferra
P. www.polytroposac.com