Hay una idea que Samuel Chamberlain, CEO Americas de PONANT Explorations, repite de distintas maneras a lo largo de la conversación: el lujo ya no se mide en metros cuadrados ni en amenidades, sino en la capacidad de cambiar la manera en que alguien ve el mundo. Es una afirmación que podría sonar a discurso de marca, pero en boca de Chamberlain se siente como una convicción personal, forjada después de años al frente de una compañía francesa que ha convertido la remotidad en su propuesta de valor.

PONANT nació como una naviera de expedición de lujo, con una flota de barcos pequeños diseñados para llegar a donde los grandes cruceros no pueden. Para Chamberlain, ese tamaño reducido no es una limitación, sino el corazón de la marca. “Los barcos pequeños son una forma extraordinaria de ver los destinos desde otra perspectiva”, explica. El servicio, la gastronomía y el producto físico, dice, son las apuestas mínimas de cualquier marca de lujo; lo que distingue a PONANT es su ADN de exploración y el deseo de llegar a donde nadie más llega.

Ese matiz es, según él, el mayor reto de la marca en el continente americano: no la competencia, sino la falta de conciencia. “El viajero promedio no sabe que se puede llegar al Polo Norte geográfico”, señala. Comunicar experiencias tan singulares, agrega, resulta casi imposible sin el respaldo de expertos, medios y agentes de viaje que ayuden a traducir lo que PONANT realmente ofrece.

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Foto: Cortesía

Redefinir el lujo desde la elección

Para Chamberlain, el lujo contemporáneo se resume en tres palabras: elección, personalización y acceso. Y sostiene que la industria ha cambiado de manera profunda en los últimos cinco años: el viaje de expedición dejó de ser un nicho para convertirse en una de las corrientes más claras de la evolución del lujo. “Ya no se trata solo de lo físico. Se trata de cómo cambia tu perspectiva cuando subes a bordo”, afirma.

Ese cambio de mirada, explica, ocurre de dos formas: a través de los destinos que se visitan y de lo que se aprende durante la travesía. A bordo de los barcos de PONANT conviven distintas nacionalidades, una experiencia que la compañía cultiva de manera deliberada, y se despliegan alianzas con instituciones como el Woods Hole Oceanographic Institution, el Explorers Club y el Smithsonian, que aportan una capa de conocimiento científico a cada viaje. El resultado, dice Chamberlain, es un tipo de impacto que ocurre de manera orgánica, distinto en cada persona.

Su consejo para quien viaja por primera vez con la naviera es sencillo: llegar sin expectativas prestadas de otros cruceros de lujo. “PONANT ofrece una experiencia muy distinta a otras líneas de cruceros y expedición de lujo. Es una mezcla de aventura, de aprendizaje y de convivencia con otras nacionalidades”, resume, y advierte que buena parte del malentendido sobre los cruceros viene de agrupar bajo una sola etiqueta experiencias radicalmente distintas: desde veleros de doce camarotes hasta barcos con capacidad para seis mil pasajeros. PONANT, insiste, pertenece a una categoría propia, donde el barco no es el destino, sino el único vehículo posible para llegar a él.

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Los tres pilares de un turismo responsable

La conversación cierra en un terreno que Chamberlain trata con particular cuidado: la manera en que PONANT sostiene la palabra “responsable” frente a cada uno de sus itinerarios. Para él, la responsabilidad se sostiene sobre tres pilares. El primero es la sostenibilidad, entendida como descarbonización e inversión en equipo y planta física. El segundo, quizá el que más lo entusiasma, es el impacto en las comunidades locales: en lugares como Groenlandia, PONANT suele ser de los primeros barcos en llegar cada temporada, meses antes que cualquier otro, lo que transforma tanto la vida de esas comunidades como la experiencia del viajero, que es recibido con una hospitalidad genuina. El tercer pilar es la ciencia: a bordo se realiza investigación que después se publica en acceso abierto, con particular relevancia en las regiones polares que la compañía recorre.

PONANT se conoce como una experiencia, no como un crucero más: la que ofrece un barco pequeño con alma francesa, capaz de llegar a donde ninguna otra naviera se atreve y de transformar cada destino remoto en un encuentro íntimo con lo desconocido. Ese es, al final, su verdadero lujo.