
Hay una fotografía de Gonzalo Tassier en su estudio de Coyoacán, rodeado de cuadernos apilados, pequeños objetos sin valor comercial — tuercas, piedras, cajas. Es el taller de un artista, no parece el despacho del hombre que diseñó la imagen corporativa de Pemex y el sello de Hecho en México y, sin embargo, lo es.
Tassier llegó al diseño como autodidacta, formado en arquitectura y filosofía, con una sensibilidad plástica que sus contemporáneos reconocían inmediatamente. Dibujaba en cualquier superficie disponible — servilletas, hojas arrugadas, los márgenes de juntas que seguramente no quería estar presidiendo. Trabajaba en pastel, acuarela, tinta, óleo.

Lo que hay detrás del sello
Esa pequeña leyenda que aparece en miles de productos mexicanos — Hecho en México — tiene autor, y ese autor pintaba flores en acuarela con la misma seriedad con que resolvía encargos corporativos. Tassier diseñó el sello, sí, pero lo que le daba peso visual a ese trazo era exactamente la misma mano que llenaba cuadernos con retratos de su esposa Gema, bodegones, objetos domésticos vistos con una atención casi obsesiva.
Detrás de cada logo que firmó — Pemex, Correos de México, el emblema anterior de la Selección Nacional de Futbol — había un ojo entrenado no en manuales de identidad corporativa sino en la observación directa del mundo. Un ojo de pintor, y también hay una obra artística que permanece, para muchos, desconocida.

El maestro que formó una generación
Lo que tampoco se cuenta suficiente es que Tassier pasó décadas frente a un salón en la Universidad Iberoamericana formando a los diseñadores y artistas visuales que hoy sostienen buena parte de la cultura gráfica del país. En 2008 recibió por eso la Medalla Sir Misha Black en Londres — el reconocimiento más importante en educación del diseño a nivel mundial — siendo el primero de América Latina en obtenerlo.

Sus alumnos hablan de él como de alguien que les enseñó a mirar antes de enseñarles a hacer. Que es, si se piensa bien, exactamente lo que distingue a un artista de un técnico.
La obra que estaba ahí todo el tiempo
Hace apenas unos días, el MODO y la editorial Sexto Piso presentaron Gonzalo Tassier. Trazos de una vida, compilado por su hija Berenice Tassier — también diseñadora gráfica. Sus páginas reúnen obra gráfica, reflexiones extraídas de sus cuadernos personales y un registro fotográfico que abarca más de seis décadas de pensamiento visual.

Es, en cierta forma, el primer lugar donde todo convive sin jerarquías: el Aguigol junto a un bodegón en acuarela, el logo de Pemex junto a un retrato íntimo de su esposa Gema. Sin la separación artificial entre el Tassier profesional y el Tassier artista — porque esa separación nunca existió realmente más que en la cabeza de quienes lo miraban desde afuera.
Eso quizás es lo más difícil de entender de Gonzalo Tassier — y lo más valioso. Que el artista no estaba esperando detrás del diseñador. Estaba ahí, todo el tiempo, en el mismo trazo.




































