Cecilia Vicuña Quipu austral

Hay una prenda en el archivo de Emily Adams Bode que viene de una tela encontrada en un mercado de pulgas en París. La mujer que la vendía la usaba para cubrir su basura. Era un gingham de algodón tejido en Normandía en la década de 1830. Bode la compró, la llevó a Nueva York, la cortó con las manos de un sastre local y la convirtió en una camisa. La prenda existe hoy. La basura, no.

Esa historia pequeña y casi absurda contiene todo lo que este artículo quiere explorar: la idea de que la ropa puede ser arqueología. Que una tela no es solo material — es documento, es memoria, es a veces el único registro que queda de algo que el mundo decidió olvidar. Y que hay artistas, diseñadores y comunidades enteras que llevan años excavando con aguja e hilo.

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Foto: bode.com

El archivo como resistencia

Emily Adams Bode lo dice con claridad: “Una parte enorme de mi marca es el archivo. Crear un espacio para guardar historias es muy importante.” Su marca, Bode, fundada en Nueva York en 2016, transforma telas antiguas — quilts americanos del siglo XIX, kimonos japoneses, linos franceses, índigos de Costa de Marfil — en prendas únicas que no pertenecen a ninguna temporada. Cada pieza viene con su historia: de dónde vino la tela, quién la hizo, qué viaje hizo para llegar hasta ahí. No es solo slow fashion. Es historiografía portátil.

Del otro lado del espectro, Apiece Apart propone algo más cotidiano pero igualmente radical: diseñar prendas cuyo único criterio es si pueden usarse al menos una vez a la semana. No qué tan nuevas se ven, no si pertenecen a la temporada correcta. Si la respuesta es no, la pieza no existe. Su plataforma Archive permite que las prendas circulen más allá de su primera compra — que acumulen dueños, historias, vida. La marca produce en cantidades limitadas y no sigue las temporadas tradicionales, lanzando piezas cuando están listas. En una industria que produce más de cien mil millones de prendas al año, eso no es solo una decisión estética. Es una postura política.

Lo que une a Bode y Apiece Apart es la misma convicción: que una prenda bien hecha merece sobrevivir. Que el tiempo no es el enemigo de la ropa sino su aliado. Que archivar no es acumular sino elegir con cuidado qué merece permanecer.


El textil como crítica

Pero la arqueología no solo preserva. También desentierra lo que incomoda.

La artista mexicana Margarita Cabrera lleva años usando la aguja para señalar lo que el sistema prefiere no ver. En su serie Space in Between, toma uniformes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos y los transforma en plantas de nopal bordadas con hilo de cobre. El uniforme que persigue se convierte en la planta que alimenta. La tela que representa el poder del Estado se dobla, se perfora, se convierte en algo vivo y vulnerable. Es una obra que no podría existir en ningún otro material: solo el textil tiene esa capacidad de transformar sin destruir, de resignificar sin borrar.

La exposición Unravel: The Power and Politics of Textiles in Art, presentada en el Barbican de Londres y el Stedelijk de Ámsterdam en 2024, reunió a decenas de artistas que trabajan esa misma tensión. La muestra partió de los años sesenta, cuando los artistas comenzaron a usar textiles con fines políticos, en un periodo marcado por movilizaciones sociales y la independencia de muchos países africanos, para explorar cómo los textiles en el arte desafían las narrativas dominantes y confrontan los regímenes de poder. Entre las obras exhibidas: Cecilia Vicuña con su Quipu Austral, tejido que evoca los sistemas de registro de los Andes precolombinos hoy en su mayoría destruidos. Un lenguaje completo, cifrado en nudos, que los colonizadores quemaron por considerarlo subversivo. Vicuña lo reconstruye, hilo a hilo, como acto de memoria y de duelo.

El textil, en estas obras, no ilustra la crítica. Es la crítica. Porque la tela tiene una historia que la pintura no tiene: fue producida por manos específicas, en condiciones específicas, para cubrir cuerpos específicos. Cuando un artista la toma y la resignifica, no solo crea una obra. Excava.

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Cecilia Vicuña museo chileno de arte

La memoria que no se teje sola

En Teotitlán del Valle, Oaxaca, esa excavación no ocurre en galerías sino en patios. Con más de 2,500 años de tradición textil continua, casi todas las familias del pueblo tejen. Los tintes que usan — grana cochinilla, índigo, cempasúchil — son los mismos que tiñeron las telas que los imperios coloniales codiciaron y los artistas renacentistas usaron. La técnica no cambió porque no necesitó cambiar: ya era perfecta.

Eric Chávez Santiago, tejedor y tintorero de cuarta generación, nativo de Teotitlán, fundó junto a su esposa Elsa el Taller Teñido a Mano, donde enseñan a cualquiera que quiera aprender el proceso completo: preparar el mordente, sumergir la fibra, esperar a que el color aparezca. Ese hijo de ellos, Santiago, de cinco años, ya teje. Será la quinta generación. La memoria no se conserva sola: se transmite, se enseña, se mete en las manos de alguien que todavía no sabe lo que tiene.

Lo que conecta a Teotitlán con Bode, con Margarita Cabrera, con Cecilia Vicuña, con Apiece Apart, no es la estética ni el mercado. Es la misma pregunta: ¿qué decidimos que merece durar? ¿Qué dejamos desaparecer y qué nos comprometemos a cargar?


Lo que la tela puede cargar

La industria de la moda tiene una respuesta muy clara a esa pregunta: nada dura, todo se reemplaza, la novedad es el valor supremo. Produce el equivalente a un camión de basura textil cada segundo. Diseña para la obsolescencia. Convierte la memoria en tendencia y la tendencia en basura en el plazo de una temporada.

Frente a eso, el gesto de excavar — de buscar en una tela vieja, en un tinte ancestral, en un uniforme de Estado, en un quipu destruido — es un acto de desobediencia. No porque sea nostálgico sino porque afirma que el tiempo que una cosa lleva encima no la devalúa. La profundiza.

Una prenda puede ser un documento. Un hilo puede ser un archivo. Una aguja puede ser, cuando quien la sostiene lo decide, un instrumento de crítica tan afilado como cualquier otro.