
Si hay una colonia en Ciudad de México donde un restaurante de cocina europea puede encontrar su lugar natural, esa es la Roma Norte. Calles arboladas, edificios de principios del siglo XX y una escena gastronómica que lleva años consolidándose como referencia en el país. En ese contexto abre Lotti, un proyecto que llega con vocación de barrio y ambición culinaria: la de traer a la mesa los grandes clásicos de la gastronomía europea sin perder de vista los ingredientes y productores mexicanos que hoy marcan la conversación en la cocina de vanguardia.


Detrás del proyecto está Luc Liebster, cocinero de origen suizo cuya trayectoria habla por sí sola: pasó por Steirereck, uno de los restaurantes más reconocidos de Viena y referente de la alta cocina centroeuropea, y por Pujol, el restaurante de Enrique Olvera que durante años ha representado lo mejor de la cocina mexicana contemporánea a nivel global. Esa combinación de influencias —rigor técnico europeo, sensibilidad hacia el producto local— define lo que hoy es Lotti.


Una propuesta de restaurante de cocina europea con raíces mexicanas
La propuesta gastronómica de Lotti parte de una premisa que suena sencilla pero es difícil de ejecutar bien: cocinar con técnica europea usando lo mejor que ofrece el campo mexicano. El chef Liebster no busca reproducir menús de postal ni importar ingredientes de larga distancia. Su apuesta es más interesante: tomar preparaciones clásicas de la tradición culinaria suiza y europea y reinterpretarlas con los quesos de Querétaro, los mariscos del Pacífico, las trufas negras y los productos de temporada que encuentran en mercados y productores cercanos.


El resultado es un menú acotado y coherente donde cada platillo tiene una lógica clara. Los capuns son un buen ejemplo: se trata de una preparación tradicional de los Grisones, el cantón suizo de habla romanche, que en Lotti llega con relleno de pasta envuelto en hoja de acelga y una salsa donde el queso y la trufa negra son protagonistas. Es cocina europea de raíz, ejecutada con precisión y sin concesiones. Lo mismo ocurre con el cordon bleu, ese clásico centroeuropeo que aquí se actualiza con queso azul, o con el strudel de manzana que cierra el menú con una chantilly que no necesita más argumentos.


Hay platillos que muestran con más claridad ese diálogo entre ambas culturas. Las papas hasselback —técnica de origen escandinavo, muy presente en la cocina del norte de Europa— se sirven aquí con crema de aguacate y hueva de trucha ahumada. El brioche casero, elaborado en casa con la precisión que exige la bollería francesa, llega a la mesa con crema de parmesano y almejas del Pacífico. Son combinaciones que no sorprenden por el efectismo sino por lo bien que funcionan.

Una decisión que dice mucho del concepto es la apuesta total por quesos mexicanos artesanales. La carta prescinde de importaciones europeas en ese rubro y trabaja exclusivamente con productores nacionales, incluyendo un queso de pirámide de leche de cabra proveniente de Querétaro que imita en formato y textura al brie francés. Es el tipo de elección que pasa desapercibida para el comensal casual pero que revela la filosofía de fondo: cocinar europeo no significa depender de Europa.


El espacio: una casona porfiriana para una cocina europea de barrio
El local que ocupa Lotti no es una construcción nueva ni un espacio intervenido hasta perder su carácter. Es el primer piso de un inmueble de inicios del siglo XX en la esquina de Colima y Tonalá, en plena Roma Norte, con la arquitectura porfiriana intacta: madera original, tabique aparente, techos que cuentan su propia historia. El estudio de arquitectura Rosela Barraza Studio tuvo el buen criterio de no tapar nada de eso.

En cambio, sumaron capas contemporáneas que conviven con lo existente sin imponerse: una barra de madera tallada a mano con técnica de carpintería japonesa, mármol trabajado artesanalmente, metal, y azulejos con referencia a la artesanía mexicana. El resultado son poco menos de 90 metros cuadradosdonde la escala humana lo es todo. No hay distancia entre la sala y la cocina, no hay pretensión de grandiosidad. Hay una terraza para quienes prefieren comer con cielo abierto y una barra que invita a ver trabajar al equipo.

La escala reducida es una decisión, no una limitación. En un restaurante de barrio europeo —la referencia que claramente inspira a Lotti— el tamaño define el tipo de relación que se establece con el comensal. Conoces al chef, el chef conoce tu nombre, el servicio tiene tiempo para explicarte cada plato. Es esa clase de experiencia la que Liebster quiere construir: no una visita de ocasión especial sino un lugar al que se vuelve.
Por qué vale la pena visitar este restaurante de cocina europea en CDMX
En una ciudad donde abren restaurantes cada semana, Lotti tiene algo que no se fabrica fácilmente: un punto de vista claro. No es un restaurante de fusión en el sentido más manido del término, tampoco es un restaurante europeo trasplantado sin adaptación. Es algo más preciso: un cocinero europeo que lleva años en México y que cocina desde ese lugar específico, con las referencias de allá y el producto de acá.


La cocina europea contemporánea que propone Liebster no depende de fuegos artificiales ni de técnicas que requieran explicación. Depende de salsas bien construidas, de masas trabajadas con paciencia, de ingredientes que no necesitan disfraz. Es una cocina que confía en sí misma, y eso, en el fondo, es lo más difícil de lograr.


Datos para planear tu visita
Dirección: Colima 235, Roma Norte, Ciudad de México.
Horarios: Miércoles a viernes y fines de semana, de las 2:00 pm hasta las 10:30 pm. Cerrado lunes y martes.
Formato: Menú a la carta o experiencia guiada por el chef.
Cocina: Europea contemporánea con ingredientes mexicanos de temporada y productores locales.




































